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Por qué un Ateneo en Toledo

 

(Extracto del discurso del Presidente del Ateneo Científico y Literario de Toledo el día de su presentación oficial)

¿Por qué un Ateneo en Toledo, aquí y ahora, en los umbrales de la segunda década del siglo XXI? ¿A qué viene ahora un Ateneo en Toledo? ¿Qué va a aportar culturalmente a lo que ya existe? Son éstas preguntas nos las hicimos cuando nos visitaba la idea de crear una Fundación o un Instituto en el que salvaguardar y ofrecer nuestras respectivas bibliotecas, dispuestos a no permitir que nuestros libros se desparramaran por los tenderetes de los rastros de los que procedían en muchos casos. Y como uno de los dos pilares de un Ateneo es su biblioteca, ampliamos la idea para convertirla en la creación un Ateneo, cuyo primer significado es el de templo de la sabiduría dedicado a la diosa Palas Atenea, donde se reunían los oradores, los poetas y los filósofos para dialogar sobre el arte y la cultura en general, con el fin de contrastar, corroborar y ampliar sus conocimientos. Así pues, la palabra “ateneo” aparece revestida de un carácter humanístico desde su existencia, y ese carácter humanístico y también científico  y de mágico saber ha distinguido desde antiguo a nuestra ciudad. Y este carácter y aquella solución para nuestras bibliotecas constituyen el germen del Ateneo y, también, de las preguntas que ahora respondo: ¿Por qué en Toledo y ahora?

Diré, pues, que esa impronta humanística es consustancial a la ciudad de Toledo, pues por todos es conocido que el pasado histórico y cultural de esta “vieja ciudad” es producto de variadas razas, culturas, lenguas y religiones; además, todos los géneros de nuestra literatura hasta concluir el Siglo de Oro han nacido en Toledo, o han tenido que pasar por nuestra ciudad para consagrarse como definitivos. Por tanto, este glorioso pasado cultural, científico y artístico exige para Toledo un foro de opinión amplio y abierto; un anfiteatro en el que resuenen las más variadas propuestas, proyectos e inquietudes expuestos en libertad, libertad para el que las expone y, también, para el que disiente de ellas, y siempre guardando el prurito y el decoro en el decir. Y esto es lo que pretende ser este Ateneo Científico y Literario: hacerse eco de aquel pasado histórico y cultural, que ha exigido largos periodos de convivencia, de contrastes de opiniones, de pareceres distintos y de puestas en común mediante el diálogo, del que ha surgido una venerable tradición tertuliana entre los toledanos adecentada y enriquecida por ilustres visitantes. Con ello aludo al segundo gran pilar de estos foros de cultura: a la tertulia: a los socios y al Ateneo como lugar de encuentro; mejor dicho, de encuentros, porque su importantísima función cultural es la confrontación de ideas, de contenidos, de inquietudes, de propuestas y de contertulios, con la finalidad exclusiva de enriquecerse culturalmente, en donde la palabra ha de ser la “reinita”, precisamente en estos tiempos en que se pretende sustituirla por el mensaje cifrado en la pantalla del ordenador y del móvil, y aplastarla con el absurdo aldabonazo de que una imagen vale más que mil palabras. Por tanto, este Ateneo desea recuperar la tradición de la oralidad, del ingenio y el decoro en el decir, tradición de la que Toledo, la ciudad, es fiel exponente. Pretende ser un foro con voz y voto, abierto y participativo; una institución privada con vocación de utilidad pública que fomente el diálogo, busque el consenso y se adorne con el decoro y el arte de “bien decir”.

¿Y qué aportará a lo ya existente en Toledo? Desde luego no un cúmulo de actividades culturales que vengan a engrosar la amplia oferta brindada por otras instituciones, ni competencia alguna con nadie. Sí plantea otra manera de participar y de hacer cultura, porque serán los socios quienes propongan y programen las actividades a desarrollar, pues entre sus fines se halla el de “promover y favorecer aquellas iniciativas estimadas como provechosas para el desarrollo de la cultura en general, y de Toledo y los pueblos de su provincia particularmente”. Y con estos eminentes y preclaros deseos, quiere difundir las artes y las letras por todos los medios adecuados, e impulsar Agrupaciones cuyos objetivos sean la investigación científica y el cultivo de las artes y de las letras, con el fin exclusivo de enriquecerse culturalmente, bien  aportando conocimientos, bien compartiéndolos, bien prestándose a recibirlos.

Para desarrollar estas actividades, contamos con unos Estatutos y con un Reglamento, cuyo contenido se halla en fase de preparación. En la Hoja de Inscripción, hemos fijado una serie de ‘Secciones’ relacionadas con la idiosincrasia cultural de Toledo y su provincia hasta alcanzar la decena, que encuentran reseñadas en el impreso de solicitud. A través de ellas, los socios podrán planificar las actividades que estimen convenientes, al margen de las que proponga el propio Ateneo, y siempre coordinadas por un jefe de sección. Se recogen tres modalidades de socios en los Estatutos: los fundadores, los de número y los de honor; además, la de socios protectores o patrocinadores del Ateneo: entidades financieras y personas individuales que sufraguen actividades relacionadas con los fines de la Institución.

Y para terminar aludo a las publicaciones periódicas, de las que contaremos con dos revistas: de carácter noticiero y bibliográfico y gratuita: El Miradero, que se podrá recoger, sobre todo, en las librerías; y Alfonsí, de carácter más científico y cultural, relacionada con Toledo y su provincia. Aludo también a la biblioteca, pues junto con el buen hacer y el bien decir de los socios, ha de ser el eje vertebral del Ateneo. Claro, que para ello el Ateneo Científico y Literario de Toledo necesita una sede en consonancia con el significado de la palabra Ateneo, con el alto nombre y el prestigio cultural de Toledo y con esa tradición humanística y científica de Toledo. Con todo ello y por todo ello, Toledo, la ciudad, y las gentes y pueblos de su provincia lo agradecerán.

 

Juan José Fernández Delgado

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